Archivo de la etiqueta: Dickens Charles

Dickens, Charles. Casa desolada: Extractos del libro.

  • ” Peatones que entrechocan sus paraguas, en una infección general de mal humor, que se resbalan en las esquinas, donde decenas de miles de otros peatones llevan resbalando y cayéndose desde que amaneció (si cupiera decir que ha amanecido) y añaden nuevos sedimentos a las costras superpuestas de barro, que en esos puntos se pega tenazmente al pavimento y se acumula a interés compuesto.”
  • ” Hace tan mal tiempo en Lincolnshire que la imaginación más vivaz apenas si puede suponer que jamás pueda volver a hacer bueno.”
  • “…reloj de esfera muy grande, que siempre parecen estar consultando las palomas que viven allí cerca, y a las que les encanta posarse en sus hombros…”.
  • ” Los abogados lo han retorcido hasta dejarlo tan enredado que los datos iniciales del asunto han desaparecido hace tiempo de la faz de la tierra. Se trata de un Testamento, y de los beneficiarios de ese Testamento, o de eso se trataba en un principio. Ahora ya sólo se trata de las Costas. Siempre estamos compareciendo, y desapareciendo, y jurando, e interrogando, y demandando y contrademandando, y argumentando, y sellando, y proponiendo, y remitiendo, e informando, y girando en torno al Lord Canciller y todos sus satélites, y avanzando tranquilamente hacia la muerte polvorienta, y siempre se trata de las Costas. Ésa es la gran cuestión. Todo lo demás, por algún medio extraordinario, ha desaparecido.”
  • ” Pero, que yo supiera, nadie se había molestado en averiguar cuál era su verdadera vocación, ni cuáles eran sus puntos débiles, ni de adaptarle a él ningún tipo de conocimiento.”
  • “…en cuanto a esos individuos que se aprovechan mezquinamente del ardor de los caballeros que van en búsqueda del conocimiento, y recompensan los servicios inestimables de los mejores años de sus vidas, sus largos estudios y su cara educación, con unas pitanzas tan reducidas que no las aceptarían unos auxiliares de oficina, yo haría que les retorcieran el pescuezo a cada uno de ellos y que expusieran sus calaveras en la Sala del Colegio de Médicos para que las pudiera contemplar toda la profesión ¡a fin de que los miembros más jóvenes de ésta comprendieran a partir de mediciones reales, y cuanto antes, lo impenetrables que son algunos cráneos!”
  • …” Y está Lord Boodle de gran consideración en su partido, que sabe lo que es ocupar altos cargos, y que dice a Sir Leicester Dedlock con enorme gravedad, después de la comida, que verdaderamente no sabe dónde van a llegar los tiempos. Los debates no son lo que eran; la Cámara no es lo que era; ni siquiera el Gabinete es lo que era. Percibe con asombro que, de suponer que cayera el actual Gobierno, la opción de la Corona para formar un ministerio se limitaría a Lord Coodle y Sir Thomas Doodle, de suponer que el Duque de Foodle no pudiera coaligarse con Doodle, lo que cabe suponer ocurriría como consecuencia de la ruptura debida al asunto de Hoodle. Después, si se da el Departamento del Interior y la Jefatura de la Cámara de los Comunes a Joodle, el Exchequer a Koodle, las Colonias a Loodle y el . Foreign Office a Moodle, ¿qué hace con Noodle? No se le puede ofrecer la Presidencia del Consejo Privado, que está reservada para Poodle. No se le puede poner en Campos y Bosques, porque eso apenas si vale para Quoodle. ¿Qué hacer? ¿Qué deducir? ¡Que el país naufraga, se hunde, está perdido y se deshace (como debe ser manifiesto para un patriota como Sir Leicester Dedlock), porque no hay un puesto que dar a Noodle!”
  • …Por otra parte, el Honorable William Buffy, miembro del Parlamento, debate con su vecino de mesa que el naufragio del país —del que no cabe duda; lo único dudoso es cómo se producirá— es atribuible a Cuffy. Si se hubiera hecho con Cuffy lo que se debía cuando ingresó en el Parlamento, y se le hubiera impedido aliarse con Duffy, entonces se habría aliado con Fuffy, con lo que se hubiera contado con el peso de un gran polemista como Guffy, y al llevar a las elecciones las riquezas de Huffy, se habría conseguido que tres condados estuvieran representados por Juffy, Kuffy y Luffy, y se hubiera reforzado la administración con los conocimientos oficiales y el sentido de los negocios de Muffy. ¡Todo eso, en lugar de depender, como ahora, del mero capricho de Puffy! A este respecto, así como en torno a temas de menor importancia, hay diferencias de opinión, pero está perfectamente claro para el brillante y distinguido círculo, unánimemente, que en el fondo lo único que importa son Boodle y su séquito y Buffy y su séquito. Ésos son los grandes actores a los que está reservado el escenario. Sin duda que hay un Pueblo: un cierto número de supernumerarios a los que hablar de vez en cuando y a los que recurrir para que griten y hagan coro, igual que en el escenario del teatro, pero Boodle y Buffy, sus seguidores y sus familias, sus herederos, albaceas, administradores y derechohabientes, son los primeros actores natos, los administradores y los líderes, y nadie más que ellos podrá aparecer en escena jamás de los jamases.
  • …”El padre de este agradable abuelo, del barrio de Monte Agradable, era una especie de araña bípeda con piel de paquidermo y obsesionada por el dinero, que tejía para atrapar moscas confiadas y después retirarse a su agujero hasta tenerlas bien atrapadas. El Dios de aquel viejo pagano se llamaba Interés Compuesto. Vivió por él, se casó por él, murió por él. Cuando sufrió grandes pérdidas en una pequeña y honesta empresa, en la cual se trataba de que todas las pérdidas las sufriera la otra parte, se rompió algo en su interior (algo necesario para su existencia, luego no puede haber sido el corazón), y así terminó su carrera. Como no tenía buena fama y se había educado en una escuela de caridad, en cursos en los que había memorizado perfectamente los antiguos pueblos de los amorreos y los heteos, solía decirse de él que era un buen ejemplo de lo poco que vale la educación.”
  • …”—¿Cuántos años tienes, Phil? —pregunta el soldado, haciendo una pausa al llevarse el platillo humeante a los labios. —Sé que hay un ocho de por medio —explica Phil—. No pueden ser ochenta. Pero tampoco dieciocho. Es algo por en medio de esas dos cosas. El señor George baja lentamente el platillo sin probar su contenido y empieza a decir, sonriente: —¡Qué diablo, Phil…! —cuando se detiene al ver que Phil está contando con sus sucios dedos. —Tenía justo ocho años —dice Phil—, según el cálculo del párroco, cuando me fui con el lañador. Me mandaron a un recado y lo veo sentado debajo de una casa vieja con un fuego para él solo, bien cómodo, y va y me dice: «Hombre, ¿quieres venirte conmigo?» Y yo voy y digo: «Sí», y entonces él y yo y el fuego nos fuimos todos a Clerkenwell. Eso fue un uno de abril, me digo: «Bueno, viejo, ya tienes ocho años con un uno más.» Al siguiente uno de abril, voy y digo: «Bueno, viejo, ya tienes ocho años con un dos más.» Y así va pasando el tiempo hasta que tengo ocho con un diez más; ocho y dos dieces más. Cuando fue haciéndose más, perdí la cuenta, pero por eso sé qué siempre hay ocho con algo más.”

 

 

 

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Bueno, Extractos del libro, Opinión literaria

Dickens, Charles. Casa desolada

Casa desolada (Bleak House) es la novena novela de Charles Dickens, publicada en veinte entregas entre marzo de 1852 y septiembre de 1853.

 Análisis literario: Dickens utiliza para labrar su novela un narrador en primera persona, la heroína, Esther Summerson, y un narrador omnisciente. Entre los personajes memorables se encuentra el abogado Tulkinhorn, el encantador pero depresivo John Jarndyce y el infantil Harold Skimpole. La trama se refiere a una larga disputa legal (Jarndyce y Jarndyce) que tiene consecuencias de largo alcance para todos los involucrados. El ataque de Dickens contra el sistema judicial inglés está en parte basado en su propia experiencia como empleado de leyes. Su representación dura del proceder lento y anticuado de la Cancillería da voz a la amplia frustración con el sistema, y es con frecuencia considerada como una ayuda a que finalmente fuera reformado en la década de 1870. De hecho, Dickens escribe mientras la Cancillería está siendo reformada, sus referencias a instituciones abolidas en 1842 y 1852 hacer pensar que la obra en realidad fue escrita con anterioridad a 1842. De todos modos, se podría discutir si esta datación es consistente con algunos de los temas de la novela.

 Personajes y lugares: Como es habitual en él, Dickens toma muchos personajes y lugares reales, pero los transforma en su novela. La filantrópica Señora Jellyby, que se preocupa de proyectos lejanos mientras olvida sus tareas con su propia familia, es una crítica a las activistas feministas como Caroline Chisholm. Mucha gente opina que el “infantil” pero claramente inmoral personaje de Harold Skimpole es un retrato de Leigh Hunt pero siempre fue negado por Dickens. El señor Bouythorn, amigo del señor Jarndyce, está basado en el escritor Walter Savage Landor. La novela incluye también uno de los primeros detectives que aparecen en la ficción inglesa, el señor Bucket. Este personaje está probablemente basado en el inspector Charles Frederick Field del entonces recientemente creado Departamento de Detectives de Scotland Yard. Dickens escribió varios artículos periodísticos sobre el inspector y el trabajo de los detectives en Household Words.

Fuente: Wikipedia

Deja un comentario

Archivado bajo Ficha técnica